En estos momentos de evolución, y situado en el centro de un gran debate cultural, el Aquinate elaboró un sistema de pensamiento, con el intento de armonizar lo que se presentaba como separado e incluso enfrentado: el platonismo y el aristotelismo; la tradición medieval y las lucubraciones de los filósofos y científicos árabes y judíos; la razón y la fe religiosa; y el orden temporal y el espiritual o sagrado.